lunes, 15 de marzo de 2010

Monarquía Absoluta. textos.

“La mayor parte de los estados renacentistas evolucionan hacia la monarquía absoluta. Existe ésta, cuando el rey, encarnando el ideal nacional, posee, además, de hecho y derecho, los atributos de la soberanía: poder de hacer las leyes, de administrar justicia, de percibir impuestos, de tener un ejército permanente, de nombrar (y destituir) a los funcionarios, de hacer juzgar los atentado contra el bien público, y en particular, de delegar jurisdicciones de excepción cuando lo considera conveniente.
(...) la idea de la monarquía absoluta se añade –sin destruirlas- a las viejas concepciones de contrato y costumbre, reglamentando las relaciones de los reyes con sus vasallos y súbditos. Estas relaciones templaron o moderaron el absolutismo monárquico.
Los grandes estados del Renacimiento son vivificados y unificados por un vibrante patriotismo, que de un modo extraño se mezcla con el patriotismo local y con el sentimiento de fidelidad al soberano.
(...) El renacimiento del Derecho Romano ya había difundido –en el siglo XIII-, la idea de un príncipe absoluto, que concentra todos los poderes en su persona y cuya voluntad es la ley.
El Derecho Romano debió su éxito al hecho de haber brindado fórmulas cómodas para expresar las tendencias profundas de los contemporáneos.
Las naciones (reinos) son una yuxtaposición de comunidades territoriales, provincias, países, municipalidades, comunidades de lugares y cuerpos; como los cuerpos de funcionarios, las universidades y las corporaciones de oficios. Con todos ellos la monarquía tiene sus contratos, y cada comunidad tiene sus privilegios, sus costumbres, sus reglamentos, su jurisdicción, sus bienes y sus representantes. Cuerpos y comunidades se oponen sin cesar entre sí, por sus intereses particulares. Es preciso que el rey sea bastante fuerte para arbitrar sus conflictos y coordinar sus esfuerzos en vistas al bien común.
La monarquía absoluta, es también resultado de la rivalidad de dos clases: la burguesía y la nobleza. El rey, que necesita a los burgueses por sus finanzas y componer su burocracia, obtiene su obediencia y apoyo. El poder real enriquece a los burgueses con sus empréstitos, hipotecas, arrendamientos de impuestos, monopolios de explotación y de comercio, etc. La nobleza sólo puede defenderse mediante el favor del rey. (Se hace dependiente de los privilegios otorgados por el monarca: cargos hereditarios en la oficialidad del ejército, pensiones y, reforzamiento por el estado de sus derechos señoriales sobre los campesinos.)”

(Mousnier – “Los siglos XVI y XVII”. Ed. Destino)





“En el transcurso del siglo XVI, apareció en Occidente el estado absolutista. Las monarquías centralizadas de Francia, Inglaterra y España, representaron una ruptura decisiva con la soberanía piramidal y fragmentaria de las formaciones sociales medievales, con sus sistemas de feudos y estamentos.
Las monarquías absolutas introdujeron ejército y burocracia permanente, un sistema nacional de impuestos, un derecho codificado y los comienzos de un mercado unificado.
Estas características parecen ser eminentemente capitalistas y, coinciden con desaparición de la servidumbre (en occidente), institución nuclear del modo de producción feudal en Europa.
Pero, el fin de la servidumbre no significó, por sí mismo, la desaparición de las relaciones feudales en el campo. Es evidente que la coerción privada extraeconómica, la dependencia personal, y la combinación del productor inmediato con los medios de producción, no desaparecieron necesariamente cuando el excedente rural dejó de ser extraído en forma de trabajo o de entregas en especie para convertirse en rentas en dinero, mientras la propiedad agraria aristocrática cerró el paso a un mercado libre de tierras y a la movilidad real de la mano de obra, las relaciones de producción rurales continuaron siendo feudales.
Durante toda la temprana Edad Moderna, la clase (social) económica y políticamente dominante fue la misma que en la era medieval: la aristocracia feudal. Esta nobleza tuvo una profunda metamorfosis durante los siglos siguientes al fin de la Edad Media, pero, desde el comienzo hasta el final de la historia del absolutismo nunca fue desalojada de su dominio del poder político.
El absolutismo fue esencialmente un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal, destinado a mantener a las masas campesinas en su posición feudal tradicional, el estado absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesa ni, mucho menos un instrumento de la naciente burguesía contra la nobleza, fue una nueva caparazón política de una nobleza amenazada.”
(Perry Anderson, “El estado absolutista”. Ed. Siglo XXI.)


“La aparente paradoja del absolutismo en Occidente fue que representaba fundamentalmente un aparato para la protección de la propiedad y los privilegios aristocráticos, pero que, al mismo tiempo, los medios por los que se realizaba esta protección podían asegurar simultáneamente los intereses básicos de las nacientes clases mercantil y manufacturera. El Estado absolutista centralizó cada vez más el poder político y se movió hacia sistemas legales más uniformes: las campañas de Richelieu contra los reductos de los hugonotes en Francia fueron características. El Estado absolutista suprimió un gran número de barreras comerciales internas y patrocinó aranceles exteriores contra los competidores extranjeros: las medidas de Pombal en el Portugal de la Ilustración fueron un drástico ejemplo, proporcionó al capital usurario inversiones lucrativas, aunque arriesgadas, en la hacienda pública: los banqueros de Augsburgo en el siglo XVI y los oligarcas genoveses del siglo XVII hicieron fortunas con sus préstamos al Estado español Movilizó la propiedad rural por medio de la incautación de las tierras eclesiásticas: disolución de los monasterios en Inglaterra. Proporcionó sinecuras rentables en la burocracia: la paulette en Francia reglamentaría su posesión estable. Patrocinó empresas coloniales y compañías comerciales: al mar Blanco, a las Antillas, a la bahía de Hudson, a Luisiana. En otras palabras, el Estado absolutista realizó algunas funciones parciales en la acumulación originarían necesaria para el triunfo final del modo de producción capitalista.” (Perry Anderson, “El Estado Absolutista”. Ed. Siglo XXI,)


“El feudalismo como modo de producción se definía originalmente por una unidad orgánica en los económico y en lo político, unidad paradójicamente distribuída en una cadena de soberanías fragmentadas a lo largo y ancho de la sociedad. La institución de la servidumbre como mecanismo de extracción del excedente (del trabajo agrario) fusionaba, la explotación económica y la coerción político-legal
El señor, a su vez, tenía que prestar homenaje y servicio de caballería a un señor supremo que reclamaba el dominio último de la tierra. Con la conmutación (sustitución) generalizada de las cargas feudales, por una renta en dinero, la unidad básica de la opresión política y económica del campesinado se vió gravemente limitada (debilitada) y en peligro de disolución. El final de ese camino sería el trabajo libre y el contrato salarial.
El poder socio-político de los señores feudales quedó, pues, directamente amenazado por la desaparición gradual de la servidumbre. El resultado fue un desplazamiento de la coerción política en un sentido ascendente, hacia una cima centralizada y militarizada: el estado absolutista. La coerción diluída en el plano de la aldea, se concentró en el plano nacional. Se construye así, un aparato de poder real (monárquico), cuya función política permanente era la represión de las masas campesinas y plebeyas de la base de la jerarquía social. Esta nueva maquinaria estatal, fue una fuerza coactiva capaz de destruir o disciplinar a individuos o grupos dentro, incluso, de la misma nobleza.
La llegada del absolutismo estuvo marcada por rupturas y procesos extremadamente duros en el seno de la aristocracia. Esta tuvo que adaptarse a un nuevo antagonista: la burguesía mercantil que se había desarrollado en las ciudades medievales. Precisamente, la presencia de esta burguesía (desarrollada) fue lo que impidió que la nobleza occidental ajustara cuentas con el campesino al modo de Europa Oriental, esto es, aniquilando su resistencia y encadenándolo al señorío.”
(Perry Anderson, ob. cit.)



“En este estudio no hay un medio temporal uniforme, precisamente porque los tiempos de los principales absolutismo de Europa Occidental y Oriental, fueron enormemente diversos; esa misma diversidad es constitutiva de sus respectivas naturalezas como sistemas de Estado.
El absolutismo español sufrió su primera gran derrota a finales del siglo XVI en los Países Bajos; el absolutismo inglés fue derribado a mediados del siglo XVII, el absolutismo francés duró hasta el final del siglo XVIII; el absolutismo prusiano sobrevivió hasta finales del siglo XIX; el absolutismo ruso sólo fue derrocado en el siglo XX.”
(Perry Anderson, ob. cit.)



“… la última aristocracia feudal se vió obligada a abandonar viejas tradiciones y a adquirir muchos nuevos saberes, tuvo que desprenderse del ejercicio militar de la violencia privada, de los modelos sociales de lealtad vasallática, de los hábitos económicos de despreocupación hereditaria, de los derechos políticos de autonomía representativa y de los atributos culturales de ignorancia indocta. Tuvo que readaptarse a las nuevas ocupaciones de oficial disciplinado, de funcionario letrado, de cortesano elegante y de propietario de tierras más o menos prudente.”

(Perry Anderson, ob, cit.)

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