lunes, 15 de marzo de 2010

Monarquía Absoluta


Forma de gobierno por el que tienden a regirse los principales estados europeos en la Época Moderna y en el que la máxima autoridad se confiere a un solo individuo o a un grupo, el rey y la monarquía, y el poder se ejerce en forma arbitraria.
El desarrollo del absolutismo moderno comenzó con el nacimiento de los Estados nacionales europeos hacia el final del siglo XV y se prolongó durante más de 200 años. El mejor ejemplo se encuentra en el reinado de Luis XIV de Francia (1643-1715). Su declaración “L’ Etat c’est moi” (“El Estado soy yo”) resume el concepto de derecho divino de los reyes.



En muchos casos, el absolutismo tuvo una justificación teológica, el rey recibe el poder de Dios y sólo a Dios tiene que dar cuenta de sus actos. En otros casos (el inglés), la soberanía del monarca emerge de un “contrato” entre los individuos de un Estado, que delegan el poder en el monarca.
El principal teórico del absolutismo basado en criterios no teológicos fue el inglés Thomas Hobbes en su obra Leviatán (1651). Según su teoría, los individuos delegan en el monarca el derecho a gobernar y éste ejerce la totalidad de las funciones políticas: hace las leyes, sin estar limitado por éstas, exige su cumplimiento, administra justicia y administra la economía del Estado.

Características

a) Concentración del poder político en el soberano, el rey, quien lo recibe y trasmite por via hereditaria. Sus colaboradores inmediatos y familiares forma la corte. A su criterio escoge sus ministros. Los nombra y los remueve a su antojo. Estos le ayudan a controlar el comportamiento de los ciudadanos, el desarrollo económico del país, a administrar el tesoro público, a dirigir los ejércitos, a mantener relaciones internacionales.
b) No hay un ordenamiento de leyes escritas, se impone la ley consuetudinaria y los dictados arbitrarios del monarca.
c) Existen organismos colegiados que son llamados, por decisión del rey, para consultas relativas a la administración del Estado.
d) Hay tribunales centrales provinciales, pero su dictamen siempre está sometido a la última palabra del rey.
e) Existen comunidades municipales supeditadas a la autoridad del rey.
f) Los súbditos carecen de derechos. En consecuencia, no se les considera iguales ante la ley, y el rey puede dictar medidas en perjuicio suyo sin derecho a defensa (encarcelamientos, nuevos impuestos, prohibición de manifestaciones públicas, reclutamiento, etc)


El absolutismo surge de un proceso de centralización y concentración del poder político, en donde una clase social –la nobleza- y determinadas regiones dentro de cada Estado impulsan la construcción de instituciones políticas y administrativas con el propósito de utilizar los recursos del Estado (dinero, ejército, funcionarios) en beneficio propio.
La centralización se desarrolló en varios planos:
· económica – una sola política económica del Estado en beneficio de una región y de un sector de la sociedad.
· política – imposición de una clase sobre otras (la nobleza), y de algunos sectores de la nobleza sobre otros.
· administrativa – se unifica el territorio del Estado en base a los principios de eficiencia y racionalidad llevados adelante por los funcionarios del Estado.
· jurídica – Un rey, una ley.
· ideológica – Un rey, una religión.
· militar – Un solo ejército al mando del monarca.

Pilares institucionales en que se sustentó el poder del monarca:
· el ejército
· la burocracia
· la diplomacia
· el mercantilismo



Bossuet (1627-1704), teórico francés del siglo XVII, justificaba el poder del rey de la siguiente forma:
“Hay cuatro características esenciales o cualidades de la autoridad real. Primera, la autoridad real es sagrada. Segunda, es paternal. Tercera, es absoluta. Cuarta, está sujeta a la razón.” (“Política extraída de las palabras mismas de las sagradas escrituras”, Bossuet)
Para Bossuet y otros teóricos del absolutismo, ésta era la forma de gobierno más natural. El Estado como garante de un orden social dominado por la nobleza fue lo que buscaron justificar estos pensadores, apoyándose muchos de ellos en el poder de la Iglesia cuyos miembros privilegiados también formaban parte de la elite gobernante. Las justificaciones políticas, jurídicas y religiosas del poder real absoluto intentaba naturalizar ese estado de cosas, pero esto no significó que no existiera oposición social e ideológica a este proceso de centralización y concentración del poder. La construcción de un Estado absoluto y su sostenimiento durante dos siglos, estuvo acompañado de conflictos y contradicciones. Y este proceso es inseparable de los otros procesos históricos significativos de esta época: la crisis y división del cristianismo europeo, la revolución científico-técnica, los cambios en la concepción del mundo y del ser humano, la invasión europea a América, la expansión del comercio, la resistencia campesina a la explotación económica y social, el crecimiento de la economía monetaria y de los comerciantes.
Todos estos procesos estuvieron íntimamente vinculados, se retroalimentaron a la vez que existían contradicciones entre estos. Y fundamentalmente fueron construyendo el itinerario histórico dominante de los siglos posteriores.

Monarquía Absoluta. textos.

“La mayor parte de los estados renacentistas evolucionan hacia la monarquía absoluta. Existe ésta, cuando el rey, encarnando el ideal nacional, posee, además, de hecho y derecho, los atributos de la soberanía: poder de hacer las leyes, de administrar justicia, de percibir impuestos, de tener un ejército permanente, de nombrar (y destituir) a los funcionarios, de hacer juzgar los atentado contra el bien público, y en particular, de delegar jurisdicciones de excepción cuando lo considera conveniente.
(...) la idea de la monarquía absoluta se añade –sin destruirlas- a las viejas concepciones de contrato y costumbre, reglamentando las relaciones de los reyes con sus vasallos y súbditos. Estas relaciones templaron o moderaron el absolutismo monárquico.
Los grandes estados del Renacimiento son vivificados y unificados por un vibrante patriotismo, que de un modo extraño se mezcla con el patriotismo local y con el sentimiento de fidelidad al soberano.
(...) El renacimiento del Derecho Romano ya había difundido –en el siglo XIII-, la idea de un príncipe absoluto, que concentra todos los poderes en su persona y cuya voluntad es la ley.
El Derecho Romano debió su éxito al hecho de haber brindado fórmulas cómodas para expresar las tendencias profundas de los contemporáneos.
Las naciones (reinos) son una yuxtaposición de comunidades territoriales, provincias, países, municipalidades, comunidades de lugares y cuerpos; como los cuerpos de funcionarios, las universidades y las corporaciones de oficios. Con todos ellos la monarquía tiene sus contratos, y cada comunidad tiene sus privilegios, sus costumbres, sus reglamentos, su jurisdicción, sus bienes y sus representantes. Cuerpos y comunidades se oponen sin cesar entre sí, por sus intereses particulares. Es preciso que el rey sea bastante fuerte para arbitrar sus conflictos y coordinar sus esfuerzos en vistas al bien común.
La monarquía absoluta, es también resultado de la rivalidad de dos clases: la burguesía y la nobleza. El rey, que necesita a los burgueses por sus finanzas y componer su burocracia, obtiene su obediencia y apoyo. El poder real enriquece a los burgueses con sus empréstitos, hipotecas, arrendamientos de impuestos, monopolios de explotación y de comercio, etc. La nobleza sólo puede defenderse mediante el favor del rey. (Se hace dependiente de los privilegios otorgados por el monarca: cargos hereditarios en la oficialidad del ejército, pensiones y, reforzamiento por el estado de sus derechos señoriales sobre los campesinos.)”

(Mousnier – “Los siglos XVI y XVII”. Ed. Destino)





“En el transcurso del siglo XVI, apareció en Occidente el estado absolutista. Las monarquías centralizadas de Francia, Inglaterra y España, representaron una ruptura decisiva con la soberanía piramidal y fragmentaria de las formaciones sociales medievales, con sus sistemas de feudos y estamentos.
Las monarquías absolutas introdujeron ejército y burocracia permanente, un sistema nacional de impuestos, un derecho codificado y los comienzos de un mercado unificado.
Estas características parecen ser eminentemente capitalistas y, coinciden con desaparición de la servidumbre (en occidente), institución nuclear del modo de producción feudal en Europa.
Pero, el fin de la servidumbre no significó, por sí mismo, la desaparición de las relaciones feudales en el campo. Es evidente que la coerción privada extraeconómica, la dependencia personal, y la combinación del productor inmediato con los medios de producción, no desaparecieron necesariamente cuando el excedente rural dejó de ser extraído en forma de trabajo o de entregas en especie para convertirse en rentas en dinero, mientras la propiedad agraria aristocrática cerró el paso a un mercado libre de tierras y a la movilidad real de la mano de obra, las relaciones de producción rurales continuaron siendo feudales.
Durante toda la temprana Edad Moderna, la clase (social) económica y políticamente dominante fue la misma que en la era medieval: la aristocracia feudal. Esta nobleza tuvo una profunda metamorfosis durante los siglos siguientes al fin de la Edad Media, pero, desde el comienzo hasta el final de la historia del absolutismo nunca fue desalojada de su dominio del poder político.
El absolutismo fue esencialmente un aparato reorganizado y potenciado de dominación feudal, destinado a mantener a las masas campesinas en su posición feudal tradicional, el estado absolutista nunca fue un árbitro entre la aristocracia y la burguesa ni, mucho menos un instrumento de la naciente burguesía contra la nobleza, fue una nueva caparazón política de una nobleza amenazada.”
(Perry Anderson, “El estado absolutista”. Ed. Siglo XXI.)


“La aparente paradoja del absolutismo en Occidente fue que representaba fundamentalmente un aparato para la protección de la propiedad y los privilegios aristocráticos, pero que, al mismo tiempo, los medios por los que se realizaba esta protección podían asegurar simultáneamente los intereses básicos de las nacientes clases mercantil y manufacturera. El Estado absolutista centralizó cada vez más el poder político y se movió hacia sistemas legales más uniformes: las campañas de Richelieu contra los reductos de los hugonotes en Francia fueron características. El Estado absolutista suprimió un gran número de barreras comerciales internas y patrocinó aranceles exteriores contra los competidores extranjeros: las medidas de Pombal en el Portugal de la Ilustración fueron un drástico ejemplo, proporcionó al capital usurario inversiones lucrativas, aunque arriesgadas, en la hacienda pública: los banqueros de Augsburgo en el siglo XVI y los oligarcas genoveses del siglo XVII hicieron fortunas con sus préstamos al Estado español Movilizó la propiedad rural por medio de la incautación de las tierras eclesiásticas: disolución de los monasterios en Inglaterra. Proporcionó sinecuras rentables en la burocracia: la paulette en Francia reglamentaría su posesión estable. Patrocinó empresas coloniales y compañías comerciales: al mar Blanco, a las Antillas, a la bahía de Hudson, a Luisiana. En otras palabras, el Estado absolutista realizó algunas funciones parciales en la acumulación originarían necesaria para el triunfo final del modo de producción capitalista.” (Perry Anderson, “El Estado Absolutista”. Ed. Siglo XXI,)


“El feudalismo como modo de producción se definía originalmente por una unidad orgánica en los económico y en lo político, unidad paradójicamente distribuída en una cadena de soberanías fragmentadas a lo largo y ancho de la sociedad. La institución de la servidumbre como mecanismo de extracción del excedente (del trabajo agrario) fusionaba, la explotación económica y la coerción político-legal
El señor, a su vez, tenía que prestar homenaje y servicio de caballería a un señor supremo que reclamaba el dominio último de la tierra. Con la conmutación (sustitución) generalizada de las cargas feudales, por una renta en dinero, la unidad básica de la opresión política y económica del campesinado se vió gravemente limitada (debilitada) y en peligro de disolución. El final de ese camino sería el trabajo libre y el contrato salarial.
El poder socio-político de los señores feudales quedó, pues, directamente amenazado por la desaparición gradual de la servidumbre. El resultado fue un desplazamiento de la coerción política en un sentido ascendente, hacia una cima centralizada y militarizada: el estado absolutista. La coerción diluída en el plano de la aldea, se concentró en el plano nacional. Se construye así, un aparato de poder real (monárquico), cuya función política permanente era la represión de las masas campesinas y plebeyas de la base de la jerarquía social. Esta nueva maquinaria estatal, fue una fuerza coactiva capaz de destruir o disciplinar a individuos o grupos dentro, incluso, de la misma nobleza.
La llegada del absolutismo estuvo marcada por rupturas y procesos extremadamente duros en el seno de la aristocracia. Esta tuvo que adaptarse a un nuevo antagonista: la burguesía mercantil que se había desarrollado en las ciudades medievales. Precisamente, la presencia de esta burguesía (desarrollada) fue lo que impidió que la nobleza occidental ajustara cuentas con el campesino al modo de Europa Oriental, esto es, aniquilando su resistencia y encadenándolo al señorío.”
(Perry Anderson, ob. cit.)



“En este estudio no hay un medio temporal uniforme, precisamente porque los tiempos de los principales absolutismo de Europa Occidental y Oriental, fueron enormemente diversos; esa misma diversidad es constitutiva de sus respectivas naturalezas como sistemas de Estado.
El absolutismo español sufrió su primera gran derrota a finales del siglo XVI en los Países Bajos; el absolutismo inglés fue derribado a mediados del siglo XVII, el absolutismo francés duró hasta el final del siglo XVIII; el absolutismo prusiano sobrevivió hasta finales del siglo XIX; el absolutismo ruso sólo fue derrocado en el siglo XX.”
(Perry Anderson, ob. cit.)



“… la última aristocracia feudal se vió obligada a abandonar viejas tradiciones y a adquirir muchos nuevos saberes, tuvo que desprenderse del ejercicio militar de la violencia privada, de los modelos sociales de lealtad vasallática, de los hábitos económicos de despreocupación hereditaria, de los derechos políticos de autonomía representativa y de los atributos culturales de ignorancia indocta. Tuvo que readaptarse a las nuevas ocupaciones de oficial disciplinado, de funcionario letrado, de cortesano elegante y de propietario de tierras más o menos prudente.”

(Perry Anderson, ob, cit.)

Absolutismo. Justificación teórica.

BOSSUET:
(1627-1704)

“Hay cuatro características esenciales o cualidades de la autoridad real. Primera, la autoridad real es sagrada. Segunda, es paternal. Tercera, es absoluta. Cuarta, está sujeta a la razón.”

“Art. 11 – La autoridad real es sagrada.
Preposición 1: Dios establece los reyes como ministros suyos y reina por medio de ellos sobre los pueblos. Ya hemos visto que toda potestad proviene de Dios. El Príncipe, añade San Pablo, ‘es ministro de Dios para el bien. Si obrais mal, temblad, porque no en vano empuña la espada y es ministro de Dios, vengados de las malas acciones ... Por eso el trono real no es el trono del hombre, sino es trono del mismo.’
Preposición 2: La persona de los reyes es sagrada. Cometer atentados contra ellos es sacrilegio. Dios los hace ungir con su óleo sagrado, así como hace ungir a los Pontífices y consagra los altares. Pero aún sin aplicación exterior de esta unción, los reyes son sagrados por su cargo ...
Preposición 3: Se debe obedecer al Príncipe por principio de religión y en conciencia. San Pablo dice: ‘Es necesario que les estés sujetos, no sólo por temor de su ira, sino también por vuestra conciencia ...”
(Fragmentos de “Política extraída de las sagradas escrituras” publicado en forma póstuma en el año 1709)


HOBBES:
(1588-1679)

“Las causas que impulsan a los hombres a constituir un estado y someterse a un poder soberano son, por un lado, el temor recíproco, y por otro, su propia seguridad.
(...) Como el entendimiento entre los hombres proviene de un pacto, se necesita algo que vuelva su convenio constante y obligatorio; un poder común que los mantenga a raya y los conduzca al beneficio propio dentro de la comunidad.
Una unión así hecha se llama Estado, puesto que al reducir la voluntad de todos a una sola, ella puede ser considerada una persona única. En el pacto que los individuos realizan entre sí, sucede como si cada uno dijera: autorizo y transfiero a este hombre mi derecho a gobernarme a mí mismo, con la condición de que vosotros transferiréis a él vuestro derecho, y autorizaréis todos sus actos de la misma manera.”
(Fragmentos de “Leviatán” de 1651)

El Mercantilismo.

“... conjunto de teorías y principios de política económica que orientaron la acción de las monarquías absolutas a comienzos de la Edad Moderna. “ (Di Tella y otros, “Diccionario de Ciencias sociales y políticas”. Ed. Emecé. Madrid, 2001. p. 457)


“El siglo XVII es la época de difusión de la doctrina mercantilista, según la cual la riqueza de un país reside en su stock de oro y plata. (...) Presenta tres características principales: industrialismo, proteccionismo y nacionalismo.
a) Según la doctrina mercantilista, hay a la vez que atesorar el oro y la plata procedentes de ultramar y desarrollar al máximo la producción nacional. Resulta de ello una especie de rehabilitación del comercio, considerado anteriormente con cierta sospecha por la Iglesia católica.
b) Las nuevas industrias deben estar protegidas contra la concurrencia extranjera. El mercantilismo es una ... reacción ... contra el particularismo provincial o municipal.
c) El Estado favorece el nacimiento de las Compañías comerciales.
(...) Constituye un poderoso agente de unificación nacional.”
(Touchard, Jean – “Historia de las ideas políticas”. Ed. Tecnos. Madrid, 2000. p.250, 251)


“... doctrina que integra hasta hacerlos indiscernibles los intereses del Estado-Nación y los de los comerciantes e industriales, por cuanto el objetivo que sus teóricos persiguen es el fortalecimiento del poderío del reino, a través del enriquecimiento de sus ciudadanos, que sólo una balanza comercial favorable podrá mantener.
El logro de tales objetivos requiere: 1º el incremento de la población: ‘no hay riqueza ni fuerza sin hombre’ 2º el aumento de la riqueza nacional a través del atesoramiento monetario (bullonismo), reflejo del desarrollo mercantil que lleva a considerar como riqueza no la simple acumulación de bienes con valor en uso, sino el acopio de dinero con valor en cambios. (...) 3º para favorecer el comercio exterior al tiempo que los intereses de los mercaderes, propugnarán en el interior el descenso de la tasa de interés, condenando la usura por cuanto encarece el precio del dinero que los comerciantes necesitan, y el desarrollo del consumo y el lujo. 4º el sistema mercantilista utilizará finalmente los recursos políticos del Estado para estimular la iniciativa privada mediante fórmulas proteccionistas para la industria nacional (colbertismo) o llegando incluso hasta el establecimiento de un régimen de monopolio (actas de navegación)”
(Artola – “Textos fundamentales para la Historia”. Ed. Alianza. Madrid 1989. pp. 216, 217)

jueves, 11 de marzo de 2010

La Revolución científico-técnica. siglos XVI al XVIII.




REVOLUCION CIENTÍFICA


“... el tiempo, el espacio, la masa, todos esos términos que hoy imaginamos que re-presentan entidades eminentemente concretas, no son más que una compleja construcción mental absolutamente abstracta, cuya única ‘concretud’ reside en que estamos acostumbrados a los relojes, los metros y las balanzas, y hemos olvidado su origen.” (Najmanovich, El lenguaje de los vínculos. pp. 46-47)



La revolución científica tiene lugar en el período que va desde el Renacimiento (s. XVI) a la Ilustración (s. XVIII). Un momento fundamental fue cuando Copérnico publica su libro Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes (1543) donde sugiere la hipótesis heliocéntrica. Kepler y Galileo defendieron públicamente y perfeccionaron la hipótesis de Copérnico, lo cual le costó a Galileo el ser procesado por Inquisición. Sus logros fueron sintetizados por Newton en la ley de gravitación universal
La revolución científica fue un largo proceso creativo que supuso una transformación profunda en nuestra imagen del Universo.



“El nacimiento de la ciencia moderna fue precedido y acompañado por una evolución del pensamiento filosófico que llevó a una formulación extrema del dualismo espíritu-­materia. Esta formulación apareció en el siglo XVII en la filo­sofía de René Descartes, quien basó su visión de la naturale­za en una división fundamental, en dos reinos separados e independientes: el de la mente (res cogitans) y el de la materia (res extensa). Esta división cartesiana permitió a los científi­cos tratar a la materia como algo muerto y totalmente separa­do de ellos mismos, considerando al mundo material corno una multitud de objetos diferentes, ensamblados entre sí para formar una máquina enorme. Esta visión mecanicista del mundo la mantuvo también Isaac Newton, quien construyó su mecánica sobre esta base y la convirtió en los cimientos de la física clásica. Desde la segunda mitad del siglo XVII hasta finales del siglo XIX, el modelo mecanicista newtoniano del universo dominó todo el pensamiento científico. Fue parale­lo a la imagen de un dios monárquico, que gobernaba el mundo desde arriba, imponiendo en él su divina ley. Así, las leyes de la naturaleza investigadas por los científicos fueron conside­radas como las leyes de Dios, invariables y eternas, a las que el mundo se hallaba sometido.”
(Capra Fritjof – “El tao de la física”. Ed. Sirio. Málaga. 2000)


Entre los siglos XVI y XVIII, Europa fue protagonista de un conjunto de transformaciones entrelazadas entre sí. Transformaciones económicas, sociales, políticas, y también la concepción del mundo. Estos cambios en el pensamiento se sustentaron en el avance de la razón como método privilegiado en la búsqueda del conocimiento. El progreso y la utilidad del conocimiento se convirtieron en los pilares sobre los cuales los intelectuales desarrollaron sus actividades. Descartes señaló en el Discurso del método, lo siguiente: “ ... es posible conseguir conocimientos que sean muy útiles para la vida ... conociendo la fuerza y las acciones del fuego, del agua, del aire, los astros y todos los demás que nos rodean, tan directamente como conocemos los diversos oficios de nuestros artesanos ... seríamos dueños y señores de la naturaleza.”
Los principios en los que se basó esta Revolución Científica fueron los siguientes:
· investigación a través de un método (observación, experimentación, razonamiento)
· la naturaleza está sometida a leyes.
· Todo debe ser sometido al razonamiento. La autoridad (política y religiosa) no es fuente de verdad.


Copérnico (1473 –1543) – teoría heliocéntrica.
Galilei (1564-1642) – comienza a utilizar un método de investigación.
- perfeccionó el telescopio.
- realizó actividades de observación vinculadas a la Astronomía y a la Fisca.
Newton (1642-1727) – Realizó una interpretación mecanicista de los fenómenos físicos, elaborando leyes.
Descartes (1596-1650) – Consideraba que el Universo estaba regido por leyes.
- la duda como método.
- Separa el mundo espiritual del físico


“... la modelización matemática del mundo, basada en la relevancia otorgada a los procedimientos de cuantificación exacta y rigurosa de la nueva mentalidad mercantil, privilegió la comparación con un patrón externo y al proceso se le otorgó el pomposo nombre de ‘procedimiento objetivo’. Las nociones abstractas de tiempo y espacio se ‘naturalizaron’ merced a nuevos modos de representación y se volvieron objetivas para todos aquellos que no conocían su origen.”
(Najmanovich, “El lenguaje de los vínculos”. p. 46)


“Desde el punto de vista social se impuso una confianza ilimitada en los poderes de la razón y en que la ciencia impulsaría el progreso permanente, si los seres humanos se mostraran capaces de dominar sus sentimientos y disciplinar su accionar detrás de los dictados de la razón. A su vez, el hombre se pensaba radicalmente separado de la naturaleza: observador y observado eran términos rigurosamente separados. En un universo domesticado de esencias estables, de procesos reversibles, de leyes universales, reglado y predictible en el que el hombre se concebía separado de la naturaleza, se sentía ajeno, creía poder observar desde una perspectiva exterior independiente y arrancar al mundo-objeto sus secretos para dominarlo a su arbitrio, sólo un proyecto era posible : conocer para dominar.” (Najmanovich, El lenguaje de los vínculos. p. 53)


“Tras los grandes disturbios políticos y religiosos de los cien años anteriores, la segunda mitad del siglo XVII fue un período de relativa calma y creciente prosperidad. Constantemente hubo plagas y guerras, pero sorprendentemente, produjeron escaso efecto en el trabajo de los científicos. Las rivalidades nacionales no lo dificultaron seriamente, como tampoco impidieron su libertad de movimientos y de comunicación. Se trataba de una época de edificación consciente de la civilización -...- y los científicos fueron honrados y reconocidos como parte de una común república de las letras. Los gobiernos y las clases dominantes de los países avanzados tenían algunos intereses comunes en el comercio y la navegación, así como en las mejoras en la agricultura y las manufacturas. Ese interés constituyó la fuerza motriz para las conquistas culminantes de la tercera fase de la Revolución Científica ...”
(Bernal, John – Historia social de la ciencia. Tomo 1 – Ed. Península. Barcelona, 1967. p. 342)


“Descartes aplicó después el método de las ecuaciones matemáticas para demostrar que debía existir un mundo independiente de nuestros sentidos, y que este mundo debía asentarse en principios matemáticos. Su invención de las coordenadas multidimensionales (los ejes cartesianos utilizados en los gráficos y en las cartas de navegación) permitía describir la forma y la posición de cualquier objeto en términos matemáticos; asimismo, predijo que el movimiento también estaba sujeto a leyes de la física, que se podían codificar utilizando las matemáticas. Además de permitir describir el mundo en términos matemáticos, el trabajo de Descartes planteó la asombrosa posibilidad de que el comportamiento futuro del mundo pudiera anticiparse con precisión. Resultaba posible superar los azares de la naturaleza y, dado en determinado esfuerzo racional, todo podía encajarse en un inmenso engranaje universal. Causa y efecto resultaban del todo predecibles y estabas abiertos al análisis racional humano.
Mientras trabajaba en su yo solitario, que sólo sabe que existe porque piensa. Descartes situó la mente del individuo (por cierto, bastante separada del cuerpo humano en el que se encontraba contenida) en el centro de todo. El hombre, en su calidad de único ser racional, constituía la creación suprema de Dios, de manera que el individuo autocontemplativo de Montaigne se había convertido, a manos de Descartes, en el foco de la investigación humana. No existían fuerzas oscuras que dictaran el curso de su existencia; la vida humana consistía en una serie de acciones y consecuencias que la mente racional podía predecir y controlar.
Aunque todavía existía la posibilidad de afirmar que Dios había ordenado las leyes físicas que regían la naturaleza, el trabajo de Descartes significaba que el funcionamiento del mundo se parecía a un gigantesco y complicado engranaje de relojería. La metáfora no era accidental. El reloj ilustraba de un modo poderoso el ingenio humano y su superioridad sobre la naturaleza; al fin y al cabo, medía el tiempo con precisión, comparado con los caprichos estacionales del reloj del sol, y podía perfeccionarse mucho más. Este tipo de pensamiento matemático y mecánico se podía trasladar a otros aspectos de la vida. El dinero, por ejemplo, consistía en un sistema numérico que permitía calcular el valor de un hombre y, a medida que la economía monetaria se extendía por toda Europa, las personas empezaron a pensar sí mismas como productores y compradores, como unidades económicas en lugar de seres espirituales. A la inversa, empezaron a perder su sentido de afecto espiritual y empatía hacia el mundo natural.” (Osborne - "Civilización” Ed. Crítica. pp.321, 322)





miércoles, 10 de marzo de 2010

Feudalismo. Concepto.

FEUDALISMO


“Recibe este nombre el sistema político, social y económico predominante en Europa occidental –especialmente en Francia y Alemania- entre los x. XI y XIII, algunos de cuyos rasgos subsistieron sin embargo hasta el s. XVIII. En su forma clásica, se basan en los vínculos de dependencia establecidos entre el rey y los señores, y entre éstos y sus vasallos y siervos. La relación de vasallaje consistía en una obligación de fidelidad y asistencia a cambio de la protección de una persona de condición social superior. Entre el rey y los señores de la nobleza, el vasallaje implicaba la obligación de éstos de asistencia militar, y el reconocimiento u otorgamiento por aquél de cierto beneficio o feudo, consistente en un dominio territorial que incluía derechos y jurisdicción sobre sus habitantes o la facultad de percibir rentas y tributos. Existieron también feudos eclesiásticos. Entre los señores feudales y los habitantes de sus dominios existían relaciones de vasallaje y de servidumbre; las primeras vinculaban a hombres libres obligados a prestar servicios militares y personales o a pagar tributos; los siervos prestaban servicios y pagaban contribuciones (siervos de la gleba, considerados como adscriptos a la tierra, y siervos domésticos).
En lo político, el feudalismo consistía en un traccionamiento del Estado, pues los señores feudales gozaban de amplia autonomía en sus territorios, armaban sus propios ejércitos, acuñaban moneda, percibían impuestos y administraban justicia. La estructura socia estaba rígidamente jerarquizada entre la nobleza de sangre –en cuyo seno, los diversos títulos nobiliarios marcaban también importantes diferencias- y los vasallos y siervos. La economía se basaba fundamentalmente en la explotación agraria y la producción artesanal autosuficiente en los límites del feudo.
(...) Su origen se explica por las circunstancias de un período en el cual, frente a los ataques exteriores, las sociedades rurales subsistieron poniéndose bajo la protección de los jefes guerreros erigidos en señores. La época de plenitud del feudalismo coincidió con el debilitamiento de los reinos europeos; posteriormente, fue declinando por la incidencia de varios factores: las monarquías absolutas centralizaron el poder político, al constituir los estados nacionales; el crecimiento de los burgos o ciudades, y del campesinado libre, fue extendiendo una sociedad no sometida a las relaciones jerárquicas feudales; la expansión del comercio y el desarrollo de la burguesía contribuyeron a ‘abrir’ la economía de los feudos.”
( Di Tella y otros, “Diccionarios de ciencias sociales y políticas”. Ed. Emecé. Buenos Aires, 2001. pp. 281, 282)


“La tierra se otorgaba entonces en concesión, no en propiedad absoluta; se detentaba su posesión y uno era propietario de los frutos que le extrajera, pero no podía enajenarla. El rey conservaba un derecho eminente sobre ella y en determinadas circunstancias podía revocar la concesión. Los señores se reservaban parte de esa tierra; otra parte la cedían a campesinos, en tenencia, con la facultad de usar esos lotes para ellos, pero con la obligación de trabajar varios días de la semana en la tierra del señor. Este sistema de organización económica, tal como se conoció en la Europa del Loire al Rhin, en el Valle del Po y en Inglaterra, se denominó el régimen señorial.”
(Cortés Conde, Roberto – “Historia económica mundial”. Ed. Ariel. Buenos Aires, 2003. p. 35)

renacimiento y humanismo


RENACIMIENTO Y HUMANISMO

“El siglo de los grandes descubrimientos y de la Reforma es un período de grandes transformaciones en todos los campos de la actividad y del pensamiento. El ensanchamiento del mundo conocido y explotado y el aflujo de metales preciosos desde América coronan e impulsan un poderoso desarrollo del gran comercio internacional, espectacular expresión de una expansión económica y demográfica general, de consecuencias sociales y políticas considerables (...) La civilización y la cultura del Renacimiento, (...), habían comenzado a surgir en Italia, en los siglos precedentes. El entusiasta redescubrimiento de la Antigüedad es uno de sus más importantes elementos, imprime un sello original al pensamiento, a las artes y a la literatura. Sin embargo, la Iglesia, como en la Edad Media, sigue ‘establecida en pleno corazón de la vida de los hombres’, manteniendo ‘el dominio oculto y total de la religión sobre los hombres’ (Lucien Febvre)”
(Jean Touchard. “Historia de las ideas políticas”)



“Durante los siglos XVy XVI, acompañando las decisivas transformaciones políticas, económicas y sociales, surgió en Europa una nueva cultura: el Humanismo, que implicó una concepción novedosa del hombre y del mundo, distinta de la medieval.
En el antiguo sistema cultural del Medioevo, todas las manifestaciones intelectuales, artísticas, literarias, etc. se centraban en la religión, en la figura de Dios, era un sistema teocéntrico. Este sistema, a partir del siglo XV, ya no respondía totalmente a las aspiraciones del hombre moderno y fue entonces reemplazado, gradual y paulatinamente, por una nueva cultura autónoma e independiente del pensamiento religioso, es decir laica. El Humanismo puso al hombre en el centro de sus preocupaciones y así, el teocentrismo fue progresivamente desplazado por el antropocentrismo (derivado de anthropos, en griego: ‘hombre’).
La sociedad moderna, a diferencia de la medieval, rígidamente estructurada y jerarquizada, era una sociedad más abierta y dinámica. (...) a causa del desarrollo de la economía monetaria muchos hombres, especialmente los burgueses, pudieron enriquecerse y ascender en la escala social. Se consideraban a si mismos seres plenos de posibilidades y capaces de desarrollarlas. El Humanismo que respondía a esta concepción, focalizó su atención en el hombre, y fue por ello el individualismo una de sus características más salientes.”
(Historia 2 – Jáurgui, González, Fradkin)

martes, 9 de marzo de 2010

Epoca Moderna. siglos XVI-XVII-XVIII.


EL SIGLO XVI EN EUROPA



* alta mortalidad infantil
* población juvenil
* esperanza media de vida: mujeres 34 años, hombres 28 años.
* Edad de matrimonio: mujeres entre 20 y 25 años, hombres entre 25 y 29 años.
* Incremento demográfico que se detuvo antes del fin del siglo.
* Población rural, escasas las ciudades que llegaban a los 200 mil habitantes.
* En las ciudades cundían epidemias (tifus, viruela). Los trasmisores principales eran pulgas de las ratas.
* Carestía.
* Deterioro en la vida material de los campesinos. Rebeliones campesinas.
* Aumento de la mendicidad.
* Influencia de los descubrimientos geográficos en la concepción del mundo de los europeos.
* Alza de precios debido al flujo de oro y plata americana.
* Crecimiento en el uso del crédito.
* Se crean los Bancos Públicos.
* Se difunde la letra de cambio.
* Expansión comercial.
* Aparición de la imprenta: uso político y administrativo, impresión de la biblia y otros libros fundamentalmente de carácter literario y científico.
* Crisis y división del cristianismo europeo.
* Cambios en la concepción del mundo. Antropomorfismo.
* Humanismo.
* Mayor extensión para el cultivo de forraje y menos para cultivos alimenticios. Alza de precios de los alimentos.
* Centralización del poder. Formación de Estados nacionales.
* Conflictos militares entre Estados.
* Fortalecimiento de los reyes, monarquía absoluta.